En los más de treinta artículos que ya acumula el blog, hemos visto algunas recomendaciones del value investing, que es como se llama en inglés a la inversión con cabeza y lógica. Alguna de estas reglas de cajón son:
- No pagues demasiado por el crecimiento futuro.
- Aprovecha las oportunidades de inversión que te brinda el mercado cuando se vuelve loco.
- No es necesario buscar empresas complicadas o desconocidas para obtener grandes rentabilidades.
Hoy me gustaría presentar otras dos máximas de la inversión en valor:
¿Estarás cómodo si tu inversión pierde un 50%?
El que piense que la muerte es lo único seguro en la vida, se equivoca. Algo que también es seguro es la próxima gran caída del mercado de acciones. Llegará tarde o temprano, garantizado.
Además, ten por seguro que te darás cuenta tarde. Incluso si vives pendiente las 24 horas de los mercados financieros, puede descubrirse un escándalo gubernamental en China a altas horas de la madrugada y, en cuanto abran los mercados europeos, ya no habrá nada que hacer: la primera cotización que el mercado dará por la mañana será ya un 10% o un 20% inferior a la última del día anterior. Nos la comemos toditos con patatas, estemos pendientes o no.
¿Qué puedes hacer entonces ante tal tragedia? Invertir únicamente en negocios de calidad con los que te sientas absolutamente cómodo. En otras palabras, debes tratar tus acciones como negocios de los que eres dueño con una visión de largo plazo y que deben ser capaces de resistir recesiones económicas y crisis mundiales.

Si tienes una lista de requisitos que todas tus inversiones deben cumplir, añade este: ¿Te sentirías cómodo con esta empresa si sus acciones cayesen un 50% en un contexto de crisis, mercado bajista o recesión regional/global?
Una crisis de envergadura puede causar un daño irreparable a muchos negocios: quiebras, reestructuraciones, ampliaciones de capital para salvar la empresa que diluirán enormemente el beneficio a largo plazo… Los mercados bajistas son absolutamente normales, forman parte de los ciclos económicos y debes acostumbrarte a su existencia y, especialmente, a su impredecibilidad. Invierte en empresas que aguantarán el próximo revés global y contempla cómo los demás inversores huyen despavoridos de sus empresas mediocres, inestables y endeudadas.
Si cuando llegue el mercado bajista eres capaz de emocionarte con los precios baratos de las acciones en lugar de asustarte con las caídas, habrás cumplido este punto.
Aplica la regla del 5%
Otro buen punto para cualquier lista de requisitos de inversión es la siguiente reflexión: ¿Estarías dispuesto a invertir al menos el 5% de tu cartera en esta compañía? Si la respuesta es negativa, o bien el riesgo es superior al límite que te permitiría dormir tranquilo, o bien no has estudiado la empresa tan a fondo como deberías.
Algunos inversores se permiten jugar con una parte de su cartera en apuestas arriesgadas. La idea es que una «inversión» que se multiplicará por 5 con una posibilidad de éxito del 25% siempre se debe realizar. Tres veces lo pierdes todo y la cuarta recuperas cinco veces más. Las matemáticas no fallan. ¿Cuál es entonces el problema?
Las matemáticas no fallan, pero falla el inversor. Asignar probabilidades y potencial de ganancias con precisión es complicadísimo, mucho más de lo que el inversor medio se piensa. ¿Realmente puedes estar seguro de que una operación empresarial arriesgada tiene una probabilidad de éxito del 25% en lugar del 15%? Sé realista.
Estar aproximadamente en lo cierto es factible: Mc Donalds seguirá creciendo lentamente, cada vez habrá más robots en nuestras vidas, el envejecimiento de la población favorecerá el consumo de medicamentos… ¿pero de verdad puedes afinar hasta el punto de sostener que la evolución de estas tendencias será del 5% anual y no del 7% o del 3%? ¿También puedes prever que las cotizaciones de estas empresas crecerán un 30% anual y no un 20%?
Si intentas invertir en pelotazos a partir de previsiones exactas, en lugar de estar aproximadamente en lo cierto estarás completamente equivocado. Esa inversión anterior que se multiplicará por 5 con una probabilidad de éxito del 25% ya no es matemáticamente ganadora si se acaba multiplicando «solo» por 3.
En lugar de centrarte en pelotazos cuyas probabilidades y revalorización no eres capaz de prever, la regla de invertir el 5% de tu patrimonio o cualquier variante de esta (el 10%, el equivalente a tu sueldo mensual, etc.) te obliga a reflexionar sobre el negocio en el que inviertes de la misma manera que si fuese completamente tuyo. Te estarás jugando un buen dinero, así que eso de invertir en operaciones que pueden ser millonarias si se alinean los planetas queda descartado. Si crees que Mc Donalds seguirá creciendo ligeramente, invertirás a un precio que sea interesante incluso si te acabas equivocando con tu predicción y las ventas de hamburguesas se estancan.
Una de las ventajas de la bolsa es la gran liquidez, la posibilidad de vender tu parte de la empresa cuando te parezca oportuno. Esto se puede volver en tu contra si juegas al pelotazo pensando que «si sale mal, vendo rápido y corto las pérdidas». En lugar de optar por el casino, plantéate que eres un socio estable de la compañía para colocarte en el marco adecuado desde el que centrarte en la calidad del negocio y en su posición competitiva a largo plazo en lugar de en la cotización cortoplacista de las acciones.
En resumen
Estas dos reglas valen la pena para aplicar el primer filtro cualitativo a las empresas que tengas en el punto de mira:
- Pregúntate si te sentirías cómodo manteniendo las acciones de la empresa X durante un gran mercado bajista o durante una crisis económica.
- Pregúntate si te sentirías cómo invirtiendo al menos el 5% de tu patrimonio.
Los negocios que cumplen estas dos reglas quizá no son demasiados pero evitarás muchos más errores que grandes oportunidades y centrarás tu atención en las inversiones de más calidad.
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